miércoles, octubre 27, 2010

No hablo sobre espiritualidad por esto

La espiritualidad es algo personal y por lo tanto se debe ser cuidadoso al hablar de ella.

Las razones de esto son varias. La primera de ellas es que la espiritualidad se vive de una determinada manera, a través de la percepción y de la mente. Esto hace que cada cual tenga una imagen genuina y propia de ella, a pesar de haber ciertos elementos comunes. Es gracias a estos elementos comunes que se puede hablar sobre la espiritualidad, pero hay una parte de ella que no puede ser comunicada por su propia naturaleza.

La segunda razón es que la espiritualidad cambia la percepción tanto de la propia persona como del entorno, y la naturaleza de esos cambios son tan íntimos y personales como la naturaleza de la propia espiritualidad.

La tercera razón es que la espiritualidad debe basarse en actos y no en palabras. Hablar de meditación no es igual que meditar; hablar de la espiritualidad no es igual que vivir la espiritualidad; hablar de la trascendencia no es igual a sentir y explorar la trascendencia. Hablar de todo ello suele ser un ejercicio vano y banal.

Es por esto que no suelo hablar demasiado de espiritualidad, a pesar de ser una parte integrante e importante de mi vida y de mi psique. Realmente la espiritualidad como concepto no es sino otro constructo mental humano, y, como cualquier otro concepto, está sujeto a debate, juicio y crítica. Pero el concepto de espiritualidad es como el concepto de horizonte o el concepto de firmamento: simplemente son definiciones para algo que efectivamente no está ahí, o mejor dicho, de algo cuyo emplazamiento y aspecto son relativos al observador. Fronteras en definitiva. El horizonte es la zona donde la curvatura del planeta supone una discontinuidad del paisaje visto desde un punto, pero nadie es capaz de señalar en un mapa el lugar donde se encuentra el horizonte porque se encuentra potencialmente en todos los lugares. El firmamento es la imagen del espacio exterior que tenemos desde nuestra posición, pero por mucho que nos movamos por él siempre hay firmamento lejano que observar. Tanto el horizonte como el firmamento son fenómenos relativos al observador porque, aunque todos podemos observarlos, teorizar y discutir sobre ellos, siempre son lejanos y se mueven junto con aquel. Con la espiritualidad pasa algo parecido puesto que existe una frontera natural traspasada la cual, las palabras simplemente no sirven. Como un horizonte de sucesos en torno a un agujero negro, podemos definir la frontera, pero nada más.

Es importante señalar ahora que, aunque los conceptos de espiritualidad y religión estén hermanados y suela asociarse la una a la otra, espiritualidad y la religión son cosas distintas. Haciendo una analogía, la religión es la vasija y la espiritualidad es el vacío que contiene. La religión es el ritual, los mantras, los rezos y oraciones, los deseos y los pensamientos, los templos, todas las manifestaciones físicas relativas a ella en definitiva. La espiritualidad no es nada de eso, pero al mismo tiempo es todo eso, y más. Por eso cuando se habla de espiritualidad no se está hablando de ella, al igual que yo ahora no estoy escribiendo sobre ella y tú no estás leyendo sobre ella.

No hablo sobre espiritualidad, porque no hay nada que decir.

Dicho lo cual, me voy a comer algo.

1 comentario:

Nemo dijo...

Estoy seguro de que aquí hay un mensaje que discutir, pero no lo veo.

Ah, sí. Ese debate ya terminó ;)